Érase una noche de tormenta, en la capital europea de Ámsterdam un vuelo que salía con destino a Cuba. En el avión viajaba un niño llamado David. Durante el vuelo, hubieron unas catorce turbulencias y de repente deslumbraron unas luces que provenían de otro avión que llegaba de frente .Entonces, se oyó una fuerte explosión, los dos aviones habían chocado. Todos los pasajeros cayeron al mar y un helicóptero los fue a rescatar. Pero David había caído en una isla desierta con mucha comida y rodeada de delfines, como estaba inconsciente, no lo pudieron rescatar. A la mañana siguiente, cuando despertó y abrió sus ojos, lo primero que vio fue a un duende. David, asustado, pegó un brinco y le preguntó por su nombre. El duende le contestó que se llamaba Eullín. Se fueron conociendo un poco más, pero Eullín notaba a David muy triste, entonces le preguntó que como le iba la vida .David no respondió y el duende le dijo que él le podía conceder cinco deseos, pero que los aprovechara bien y que también le podía librar de sus pecados y defectos. David empezó : el primer deseo, era que como estaban en verano y su época favorita era el invierno, quería ver lo que había hecho con su familia ese invierno en la edad contemporánea .Su hermana iba vestida con una camisa blanca de cuello, una falda vaquera, unas botas de terciopelo, unas medias azules y un suéter azul. El segundo deseo fue el de tener allí una televisión, un ordenador con Messenger, mucha ropa y la nintendo DS. El tercer deseo era el de los defectos y pecados, David quería quitárselos todos empezando por el de ser algunas veces antipático y el de tomar drogas. El duende le dijo que vale y se los concedió. El cuarto deseo era el de poder erigir una cuidad y estar sentado en el trono tomándose una hamburguesa y una coca- cola. Y así fue, estuvo un día sentado en el trono. Y el último y el más importante de los deseos era el de que su familia viniera a rescatarlo en un helicóptero. Al día siguiente cuando amaneció, allí apareció su familia y se fue de vuelta a casa con muchos regalos que le habían llevado.
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